Mediante el juego aprende a vivir y ensaya la forma de actuar en el mundo. Al
representar situaciones del mundo real: jugando a los papás, a los médicos, etc. va proyectando
sus conflictos y acontecimientos desagradables como medio de dominio, aliviando su ansiedad.
Va resolviendo sus propios problemas emocionales y empezando a controlar sus incipientes
sentimientos. Cuando el niño puede representar simbólicamente aquello que emocionalmente le
está afectando, logra superarlo
En el intercambio con el medio, el sujeto va construyendo no sólo sus conocimientos, sino también sus estructuras intelectuales. Estas no son producto ni de factores internos exclusivamente, ni de las influencias ambientales, sino de la propia actividad del sujeto. El autor establece tres tipos de juegos “de ejercicio, simbólico y de reglas” correspondientes a las diversas formas sucesivas de inteligencia “sensoriomotora, representativa y reflexiva”
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